
Diario de un somnoliento, desorientado, con mal sabor de boca y perdido te despiertas sin saber bien por qué. Paso a paso encaminas la cocina buscando algo que refresque el alma. Tu mente se pone a pensar y busca desde los remedios mas arcanos hasta los mas mordernos para aliviarse. Y en busca de una pequeña respuesta piensa en su abuela: miel, leche caliente y de aderezo la mierda de valeriana en pastilla. Si no funciona? Siempre queda la respiración, siempre la respiración. El método de entre todos el más simple y con mas efectividad para iniciar el viaje al mundo del sueño. Pero esto no son mas que especulaciones y un pequeño juego con tu mente en el que tienes que ganar desde la estrategia como en el ajedrez. Anticipándote, pensando como tu mente y alejándole tus planes sibilinos. Y entre todo, raro puede ser, pero estás tú. Por el efecto que produces en mi, mejor que cualquier opiácea consigues subir mi serotonina de forma sutil. Que si, alivia. Y genera esa calidez innata de la hormona sobre todo mi cuerpo que me embriaga desde las uñas de los pies hasta la punta de los pelos de mi cabeza. Es así recordando tus labios en mi, tus brazos rodeándome y el rozar de mano en mi espalda dibujando un corazón como poco a poco me abrazan esas sabanas en las que espero encontrarte. Y es todo tan dulce y cálido y cercano que me hundo aquí como en Trainspottin cuando rento se mete un pico y el suelo se lo traga literalmente.
Para ti mi dulce y tan amarga en la venas morfina.
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